¿EL CUERPO, UN INDICADOR SOCIAL?

En Japón, las empresas deben medir la circunferencia de la cintura de sus empleados. El gobierno japonés ha establecido una circunferencia máxima de cintura. Con el pretexto de combatir la obesidad, el gobierno está transformando la delgadez en una norma institucional y un indicador de pertenencia a una clase social específica. 

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3 min ⋅ 01/01/2026

Como ilustración del control social, el cuerpo se convierte en un verdadero indicador social. Este no es un concepto nuevo ni se limita a una zona geográfica específica. Si hoy en día en Occidente un cuerpo delgado es un signo de capital económico, no siempre ha sido así. 

En la Edad Media, la delgadez simbolizaba la desnutrición y un cuerpo enfermo, mientras que los cuerpos redondos o corpulentos se asociaban con la riqueza, la buena salud y la fertilidad en las mujeres. Para ser “bien considerado” en la sociedad, era mejor tener un físico corpulento. Con la industrialización, estas relaciones cambian. Esto se puede observar, por ejemplo, en Germinal de Zola, donde, en la clase obrera, los cuerpos delgados son rechazados por ser “demasiado débiles” y “sin resistencia”. Sin embargo, a medida que los cuerpos corpulentos se convierten en un símbolo de la clase trabajadora, son abandonados por las clases altas como norma social. Esta evolución es estudiada por Bourdieu, quien explica que “las normas corporales cambian con las condiciones materiales de existencia”.

Ahora, en una sociedad donde el acceso a la comida ya no es un problema, el cuerpo delgado se ha convertido en la norma. Luc Boltanski se inspira en Foucault y retoma esta idea, especificando que “el autocuidado es un conjunto de disposiciones voluntariamente integradas para cultivar el propio cuerpo”. 

Esta concepción está presente hoy en Occidente, particularmente en Francia, donde la postura y el lenguaje corporal son esenciales. En las clases altas, deben ser mesurados y contenidos, a diferencia de las clases trabajadoras, donde los gestos se consideran “más directos”. Esto se puede observar en las maneras de mantenerse en la mesa o en la práctica diferenciada de deportes, desde el golf hasta el boxeo.

En el Reino Unido, la postura y la forma de andar son símbolos sociales directos. Además, las mujeres de clase trabajadora son percibidas por la clase media como “vulgares” debido a su ropa y maquillaje llamativos, a diferencia de las clases altas, que mantienen un control total sobre sus cuerpos. Esta idea de resaltar u ocultar el cuerpo también se encuentra en Suecia, donde la ropa, según la marca y los llamados códigos corporales nórdicos, permite jerarquizar a las personas según su clase.

Lo mismo ocurre en los Estados Unidos, donde los cuerpos considerados más vulnerables son más propensos a la obesidad debido a una mayor exposición a la comida rápida y la comida basura. Por el contrario, la idea del fitness se asocia con las clases altas urbanas y blancas que saben cómo disciplinar sus cuerpos. Los pioneros del fitness se hicieron eco del mito estadounidense de “no pain, no gain”, que contribuyó al auge del culto al rendimiento. En Estados Unidos, el cuerpo es un indicador de clase, pero también de geografía, que distingue entre zonas urbanas y rurales. Todas estas perspectivas son occidentales, sin duda, pero también se encuentran en Japón, y en China, donde la delgadez es fundamental para la visión del cuerpo “perfecto” de las clases altas.

Pero un poco más allá, si nos alejamos de nuestras concepciones del cuerpo delgado como ideal, existen otras sociedades donde los cuerpos valorizados son diferentes. Por ejemplo, en Mauritania, en la música, la mujer con curvas se describe como deseable y respetable. Una figura femenina más corpulenta se asocia tradicionalmente con la belleza, la riqueza y la capacidad de formar una familia. Ciertas prácticas, que están en declive hoy en día, pero que aún persisten, ilustran esto. Es el caso de la práctica del leblouh (alimentación forzada), que consistía en animar a las jóvenes a ganar peso antes del matrimonio para causar una buena impresión. Este principio también se encuentra en Nigeria. En el Pacífico, en el archipiélago de Samoa, el cuerpo se asocia con el poder y la autoridad, tanto para las mujeres como para los hombres. Los jefes tradicionales (matai) suelen ser corpulentos, ya que el tamaño se asocia con la autoridad.

Así, el cuerpo es uno de los principales marcadores sociales. Por eso se suele decir que “incluso antes de hablar, nuestro cuerpo habla por nosotros”. Según el concepto de habitus de Bourdieu, “la sociedad se inscribe en el cuerpo”, y este se convierte así en “un espejo de lo social” (David Le Breton).

Para Maïssane Bertrand-Bouchet


Para profundizar en nuestro dossier del mes dedicado al cuerpo, consulte los artículos de nuestras secciones cultura y relaciones internacionales en nuestro blog.

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