LAS POLÍTICAS DE MEMORIA EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA DE UCRANIA

Memorias de guerra de conflictos históricos y de instrumentalización que deterioran las relaciones occidentales.

MINERVIEWS
4 min ⋅ 01/04/2025

Aislar una Rusia opresiva en la escena internacional conmemorativa 

El 6 de junio de 1944, desembarco de los Aliados en Normandía francesa, es una fecha simbólica en la historia europea. Este día de conmemoración resuena por todos lados del mundo, al acoger cada año a varios jefes de Estado occidentales en las playas normandas, para celebrar este acontecimiento decisivo a los conflictos de la Segunda Guerra Mundial. El año 2024 marcó una particularidad en la historia conmemorativa. En primer lugar, se celebró el 80o aniversario del desembarco y, por otro lado, no se invitó a Rusia con Putin, al contrario de Volodymyr Zelensky que sí, lo fue.

El Estado francés tomó esta decisión unos días antes de la conmemoración, justificándola con la “guerra de agresión” de Moscú contra Ucrania. Inicialmente, una delegación rusa, sin Vladimir Putin, fue invitada y prevista con el fin de rendir homenaje a la memoria del Ejército Rojo soviético, que contribuyó drásticamente a la desnazificación del suelo europeo. Un homenaje que se presta sobre todo en los cementerios franceses, donde yacen algunos soldados rusos. Sin embargo, la decisión de última hora de Emmanuel Macron ha cambiado el juego.

Francia no quiso ofrecer una fianza o incluso una tribuna mediática a un Estado revisionista, promotor del terrorismo y acusado de violar el derecho internacional por crímenes de guerra. Esta elección francesa se unió a la voluntad de numerosos diputados europeos que pidieron a los países occidentales un aceleramiento de las iniciativas para aislar aún más a Rusia en la escena internacional.  

Invitar a Rusia por tercera vez a este evento conmemorativo, para que represente la memoria de los pueblos soviéticos, equivale a hacer de ese régimen autoritario: el heredero de la lucha contra el nazismo. Sin embargo, los herederos de los combatientes del Ejército Rojo son tan ucranianos, kirguises, georgianos, turcomanos, bálticos, bielorrusos, etc. como rusos. Algunas de estas Repúblicas post-URSS hicieron una contribución considerable a la victoria soviética, sacrificando las vidas de miles de soldados. Ucrania es todavía hoy una de esas víctimas, con un nuevo agresor frente a ella. Un agresor que alimenta el terror de toda una sociedad, apoyando por la voluntad irónica de “desnazificar” o “desmilitarizar”. El mismo espíritu de resistencia y esperanza de liberación, que el del desembarco del 6 de junio, persiste en Ucrania hoy. En este contexto, se plantea una cuestión moral: ¿es posible respaldar la opresión y la barbarie rusa mientras se honra la memoria de los libertadores?

“El Día de la Victoria”: una conmemoración propagandista rusa?

Celebrado el 9 de mayo, y no el 8 por razones de zonas horarias, el Día de la Victoria festeja cada año en Rusia la fin de la “Gran Guerra Patriótica”, una fecha que simboliza el triunfo del país sobre el régimen nazi en 1945. Verdadera propaganda nacional, este día, restaurado por Putin en 2000, se ha convertido en un medio para glorificar el poder militar de Rusia y reforzar el ideal de una renovación rusa.

El 9 de mayo también conmemora unos 26 millones de civiles y soldados que murieron por su patria durante la Segunda Guerra Mundial. Un verdadero reto para el gobierno ruso que se apoya en el luto nacional para inmortalizar la importancia de la memoria colectiva como nación.

Por eso se organizan cada año numerosos desfiles para restaurar el prestigio ruso. La más impresionante es la situada en la Plaza Roja de Moscú, en el corazón de la capital. Según Carole Grimaud Potter, profesora de geopolítica rusia: “Es una fecha más gloriosa que la caída de la URSS y una manera de poner bajo la alfombra las purgas del período soviético.”.

 

Reescritura de la historia e instrumentalismo político

De hecho, después de la caída de la URSS, el país tuvo que levantarse activamente y formar una nueva nación rusa unida en la adversidad. Es así como Putin afirma que solo su país ha superado la amenaza nazi,cuando en realidad más de 50 países han puesto fin a ella combinando sus esfuerzos militares y estratégicos. No es la primera vez que un político reescribe la historia a su favor, pero en este caso, la identidad rusa se ve, de verdad, ganadora.

En parte, gracias a la sacralización del antiguo poder soviético, este patriotismo resuena más allá de las fronteras nacionales. Putin, al instrumentalizar el colapso alemán que rompió su unidad nacional, se posiciona como salvador del pueblo ruso que busca reconstituir la “nación dividida” de la antigua Rusia potente. Pretende así justificar sus invasiones y ataques, sobre todo en Ucrania. Tras la anexión de Crimea, el 18 de marzo de 2014, el presidente ruso se dirigió directamente al pueblo alemán para solicitar su apoyo, a pesar de haber violado el derecho internacional: “Esperamos que no lo hayan olvidado”, recordando a los ciudadanos alemanes que Rusia apoyaba su reunificación nacional cuando la oportunidad se presentó. 

Este año, para celebrar el 80o aniversario de la victoria de los aliados en Europa, se celebrará junto al jefe del estado, el presidente chino Xi Jinping, su gran aliado en la escena internacional. Una ocasión para reafirmar su amistad a los ojos del mundo, especialmente frente a un Trump que intenta, desde su reelección, entrometerse en sus asuntos.

La memoria de eventos históricos dramáticos como analogía de la situación en Ucrania

Poco tiempo después del inicio de la agresión rusa en Ucrania, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se expresó en diferentes parlamentos nacionales de países aliados occidentales. Sus intervenciones tomaron lugar en un contexto de extrema incertidumbre para el futuro, a muy corto plazo, de Ucrania: en aquel momento, era aún imaginable que todo el territorio ucraniano fuera anexionado militarmente por Rusia. El apoyo moral, financiero y militar, en particular en materia de equipamientos, de los Estados aliados a Ucrania comenzaba a perfilarse. El presidente ucraniano vino a construir fuertes lazos con sus socios.

En sus discursos ante los parlamentos de países amigos, usó referencias históricas que han marcado, por no decir traumatizado, las democracias occidentales a las que se dirigió. Frente al Congreso de los EE.UU., el jefe del Estado ucraniano pronunció palabras fuertes, el 16 de marzo de 2022, al mencionar el evento más trágico de los Estados Unidos: el ataque a Pearl Harbor, un bombardeo japonés sobre la base militar estadounidense homónima que llevó a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Zelensky se remonta a recuerdos más antiguos aún ante el Parlamento francés. En su discurso del 23 de marzo de 2022, trazó un paralelismo entre la actual guerra en Ucrania y los enfrentamientos entre Francia y Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Dijo que las ruinas de Verdún, mostradas en las fotos de la Primera Guerra Mundial que todo el mundo vio, le recordaban a Mariúpol y otras ciudades ucranianas. Para los parlamentarios israelís, esa vez, el 20 de marzo de 2022, se arriesgó a comparar las matanzas rusas con el Holocausto al afirmar que “Moscú habla de una solución final en Ucrania”.

Si las referencias utilizadas por Zelensky son tan grandilocuentes, es porque aparecen a la altura del reto que constituye la realidad de la guerra para el dirigente ucraniano. Desea dirigirse más allá de los dirigentes políticos y de las opiniones públicas occidentales, sacando de los inconscientes colectivos nacionales. Además de la búsqueda del apoyo financiero y material, el presidente ucraniano quiere construir relaciones indefectibles con los países europeos y occidentales inscribiendo el destino de Ucrania en la trágica historia de Europa.

Por Méline Vert, Antonin Verdot et Nils Gales 

Traducido por Méline Vert


Para profundizar en nuestro asunto del mes dedicado a las politicas de memoria, puedes leer los artículos de nuestras secciones sociedad y relaciones internacionales en nuestro blog.

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